11 diciembre 2009

Primero se hizo ver de un indito…

Posted by P. Pedro Ayala | 11 diciembre 2009 | Category: |

P. Emilio González Magaña SJ

En 1998, a propósito de las últimas investigaciones con motivo de la canonización de Juan Diego, una comisión de expertos laicos, entre los que se encontraban científicos, historiadores, teólogos, artistas, pintores, especialistas en restauración, etc., dirigió a la Congregación para las Causas de los Santos un informe que decía: «Sin duda la tilma de Guadalupe es uno de los códices más importantes desde el punto de vista histórico-crítico a) por su fecha: unánimemente los expertos lo fechan en la primera mitad del siglo XVI: b) por su lenguaje, que corresponde totalmente a un códice de naturaleza náhuatl: c) por su contenido, que corresponde plenamente a cuanto nos relatan el Nican Mopohua y otros documentos; d) por su misma contextura, estilo de pintura y material. Sin embargo, la tela plantea aún numerosos problemas de carácter técnico-científico a los expertos. Por una parte, se aleja de los cánones usuales de la pintura de la época; por otra, aún no se ha llevado a cabo un estudio adecuado sobre el material de la misma y sobre la realización de la pintura.




Por lo tanto, se debería estudiar con mayor detenimiento esta pintura-códice en sus diversos aspectos para comprender mejor este testimonio fundamental guadalupano. La comisión dejó constancia del estupor y la emoción religiosa al contemplar el rostro de la Virgen, experiencia común también a todos los presentes, prescindiendo de su práctica religiosa». Quizá la característica que hace más singular a la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe es que venía destinada a un pueblo que se comunicaba con imágenes, por lo cual, en la mente mexica, no podía tratarse de un mero retrato, sino de un mensaje. Según la tradición recogida del Nican Mopohua, el Obispo Fray Juan de Zumárraga habría trasladado la tilma-icono de Santa María de Guadalupe desde su capilla a la iglesia mayor de México, y allí habrían acudido a venerarla docenas de mexicanos y de españoles. ¿Qué vieron los mexicas en aquella tilma que tanto les atrajo? ¿Cuál fue para ellos el mensaje que transmitía? Es claro que si a un pueblo acostumbrado a comunicarse con pinturas se le envía una imagen, ésta debe tener un significado mucho mayor. De ser así todos los colores y detalles querrían decir algo.

Hoy no estamos ya en condición de “leer” su mensaje como destinatarios de aquel entonces pero podemos razonablemente suponer que lo de la tilma “decía” pictóricamente tuvo que ser un mensaje con todo lo que Ella habría expresado verbalmente en las apariciones: que Ella “la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive” y madre nuestra, venía a entregarnos a su Hijo y a fundar una nueva morada de acogida para todos, “el templo o ermita” que pedía se le construyera en aquel lugar, signo de una nueva hermandad y comunión por encima de las divisiones entonces tan enconadas entre culturas, razas y pueblos enemigos entre sí. El mensaje pictográfico del icono guadalupano es el gran resplandor del sol, que disipa las nubes. Lo refleja bien la expresión náhuatl Mixtitlan Ayautitlan (entre las nubes y entre nieblas). Significa la llegada de Dios; ¿de qué Dios?: ¿era una divinidad más del poblado panteón mexica?, ¿para qué llegaba?  El que contempla el icono mariano de Guadalupe no queda deslumbrado por el “Sol”. Su contemplación llena la mirada de reposo. La imagen de María está iluminada por la luz de un sol que brilla detrás o dentro de Ella; era un sol diferente y nuevo.

La luz de este sol es más brillante a la altura del vientre y menor a los pies o en la cabeza, y, como el talle que marca el cinto no está en  la cintura sino a la altura del pecho, muestra que esa muchacha está encinta, que es la madre de un “Nuevo Sol”, ya a punto de nacer, pero diferente y superior del astronómico, que ya la está iluminando. Por lo tanto: Dios llega a través de una Madre que viene a darlo a luz. ¿Cuándo?: lo revelan las estrellas del manto, que son las del cielo de México en el solsticio de invierno, fecha importantísima para un pueblo que se sentía “Pueblo del Sol”. ¿Dónde?: como vemos, la joven está parada precisamente en el centro de la luna, y “en el centro de la luna”, se dice en náhuatl: Mé-xi-co. Traduciendo, pues, el mensaje de la pintura sería: Dios llega a México, en el solsticio de invierno, por medio de su Madre que viene a traérnoslo aquí”. Tal sería el mensaje de la pintura de Nuestra Señora de Guadalupe para aquel pueblo mexica que estaba viviendo unas circunstancias dramáticas y concretas, casi de extinción de sus raíces, su cultura, su religión, su identidad. ¿Qué pretende María con ese mensaje? Pretende ser madre de todos, y darnos la paz, “llevar la historia a su plenitud: reconciliar todo en su Hijo, lo terrestre y lo celeste” (cf. Ef 1,3-14).

Currently have 1 comentarios:

  1. Ya se acercan las fechas entrañables. Con la llegada del Niño Dios el munso se llena de un poco más de amor cada Navidad.


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