17 abril 2010
P. Emilio González Magaña SJ.
El clima de oposición a la Iglesia y al Santo Padre por el tema de los abusos sexuales continúa. De ninguna manera se trata de impedir que se aclaren los hechos vergonzosos cometidos por algunos sacerdotes, no, simplemente es preocupante constatar cómo muchas tendencias en el mundo parecen haber hecho cuerpo común y se han empeñado en desarrollar una campaña difamatoria en diversos medios citando documentos -la mayoría de las veces-, fuera de contexto. El pasado viernes 9 de abril, el P. Federico Lombardi, S. J., Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede manifestaba que “en primer lugar hay que seguir buscando la verdad y la paz para los ofendidos. Entre las cosas que más llaman la atención es que hoy salen a la luz también tantas heridas internas que se remontan a hace muchos años -incluso a diversas décadas-, pero que, evidentemente, siguen abiertas. Muchas víctimas no buscan un resarcimiento económico sino una ayuda interior, un juicio acerca de su dolorosa vivencia personal. Todavía queda algo por entender realmente. Probablemente debemos tener una experiencia más profunda de los hechos que han marcado tan negativamente la vida de las personas, de la Iglesia y de la sociedad”.
En respuesta al semanario alemán "Stern" que el jueves 7 de abril publicó unas notas con las que trata de atacar al Papa por un supuesto encubrimiento de las acciones de Marcial Maciel, fundador de los legionarios de Cristo, acusado de abusos sexuales, el P. Lombardi, declaró. «Es "ridículo" afirmar que el cardenal Joseph Ratzinger encubrió al fundador de los legionarios de Cristo, Marcial Maciel, pues fue precisamente el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe quien promovió la investigación canónica en su contra… Es paradójico -y para las personas informadas, ridículo- atribuir al cardenal Ratzinger responsabilidades de cobertura o de encubrimiento de cualquier tipo", aseguró el portavoz vaticano en una declaración. "Todas las personas informadas saben que fue mérito del cardenal Ratzinger promover la investigación canónica sobre las acusaciones a propósito de Marcial Maciel, hasta llegar a establecer con certeza su culpabilidad". "La conclusión, con la imposición del retiro de toda actividad pública, teniendo en cuenta la edad y las condiciones de salud y su publicación en un conocido comunicado por parte de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, también han sido mérito de la línea de coherente rigor del cardenal Ratzinger, que para ese momento se había convertido en Papa».
Otro de los ataques más recientes lo encabeza el abogado Jeff Anderson de una firma de Saint Paul, Minnesota en los Estados Unidos de América. Este abogado no reconoce como víctimas a los niños que han sufrido abusos sexuales sino que los llama “supervivientes de una tragedia humana”. Afirma que comenzó su lucha en 1983 después que una familia acudió a su despacho para solicitar su ayuda ante un supuesto ataque sexual sufrido por uno de sus hijos por parte de un sacerdote. Según él, ni la policía ni las autoridades religiosas hicieron nada por lo que decidió iniciar una “cruzada en busca de la verdad y la justicia”. Jeff Anderson, quien se define como un “ex ateo” que recuperó la fe en Dios después de una larga rehabilitación para dejar su adicción al alcohol, pretende llevar a juicio e interpelar al Santo Padre en un tribunal estadounidense. Lo que extrañamente no confiesa esta persona es que, como en otros casos, la firma a la que pertenece ha recibido fuertes sumas de dinero como indemnización por los daños sufridos por los menores a los que representa. Aun cuando no se sabe exactamente la cantidad obtenida, se calcula que ha ganado más de 60 millones de dólares.
Ante este clima de rabiosa oposición a la Iglesia y al Santo Padre es necesario afirmar, como lo ha dicho el Padre Lombardi, que «Benedicto XVI guía coherente por el camino del rigor y de la veracidad, merece todo el respeto y el apoyo, y prueba de ello son los amplios testimonios de todos los rincones de la Iglesia. El Papa es un pastor que está a la altura de afrontar con gran rectitud y seguridad este tiempo difícil, en el que no faltan críticas e insinuaciones infundadas; hay que afirmar, sin prejuicios, que es un Papa que ha hablado mucho de la verdad de Dios y del respeto de la verdad, siendo un testigo creíble de ella. Le acompañamos y aprendemos de él la constancia necesaria para crecer en la verdad, en la transparencia, manteniendo amplio el horizonte sobre los graves problemas del mundo, respondiendo con paciencia a la aparición -gota a gota- de "revelaciones" parciales o presuntas que tratan de mermar su credibilidad o la de otras instituciones y personas de la Iglesia. En la Iglesia, en la sociedad en la que vivimos, cuando comunicamos y escribimos, tenemos necesidad de este paciente y firme amor a la verdad si queremos servir y no confundir a nuestros contemporáneos».


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