23 mayo 2010

Fiesta del Espíritu Santo

Posted by P. Pedro Ayala | 23 mayo 2010 | Category: |

Cincuenta días después del Domingo de Resurrección, -fiesta de las semanas para el pueblo judío-  celebramos la solemnidad, la fiesta del Espíritu Santo, el cumplimiento de la promesa que Jesús ha hecho a sus discípulos, “cuando venga el Espíritu de la verdad que yo les enviaré y que, procede del Padre, él dará testimonio de mí. Ustedes mismos serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio” (Jn 16, 26-27). Es la celebración litúrgica, que nos ayuda a recordar y celebrar este gran acontecimiento, no es que el Espíritu Santo se haga presente sólo en esta fecha del calendario litúrgico, como si los demás días fuera el gran ausente, no, de hecho la presencia continua y constante del Espíritu Santo en la Iglesia, en los discípulos de Jesús, es la que mantiene y sostiene la misión encomendada por Jesús a sus amigos.


De discípulos a apóstoles
Jesús al inicio de su ministerio llama a algunos para que estén con él, para que le sigan, para que aprendan todo lo que él tiene que decirles del Padre, para que escuchen sus palabras, para que vean los signos –milagros- que realiza; sanar, perdonar, resucitar… para que sean testigos. Después de la resurrección, Jesús se presenta con estos amigos suyos, no con reclamos, sino con el deseo de paz, y les confía una misión, así como el Padre me ha enviado, así los envío yo, pero no los manda como decimos “me mandaron a guerra sin fusil”, les concede el Espíritu Santo, para que les ayude a entender las palabras y enseñanzas de Jesús.  De discípulos pasan a ser misioneros, de aprendices a maestros, pues se les ha confiado la tarea de comunicar una experiencia de vida que ellos a su vez habían recibido.

San Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles señala varios elementos interesantes. Ubica el acontecimiento en el tiempo, el día de Pentecostés,  están reunidos los doce, ya con  Matías que ha tomado el lugar de Judas, de improviso, cuando menos lo esperan, de repente vino un ruido, semejante a la ráfaga de viento que lleno la casa, aparecieron lenguas como de fuego y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas. 

Convocados, viento, fuego, testigos.  Estas serían las palabras claves para celebrar y vivir la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, somos llamados a ser discípulos a formar parte del grupo de amigos de Cristo Jesús que conocemos y cumplimos sus mandamientos, es decir somos llamados a formar parte de la Iglesia, en esta asamblea la presencia de Dios se manifiesta en el dinamismo, en la fuerza, en el movimiento que el viento produce así como el fuego, que transforma lo que toca, que es energía, que ilumina y vence la oscuridad por pequeño que sea, y finalmente testigos de una experiencia de encuentro con Cristo Resucitado.

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