29 junio 2010

Entre sufrimientos, penas y futbol

Posted by P. Pedro Ayala | 29 junio 2010 | Category: |

P. Emilio González Magaña S.J.
Quizá porque no soy aficionado, y mucho menos, fanático del futbol, francamente me parece una exageración que en la primera página de los periódicos de circulación nacional le den tanta importancia al tal campeonato mundial. Y me imagino que es poco con relación a lo que hacen las dos principales televisoras mexicanas o la radio. Asumo que todo este circo es una estrategia publicitaria de los medios para que quienes son ya ricos lo sean aún más, pero me parece que es a todas luces incomprensible cuando se cierran los ojos a los problemas de una pobre nación como la nuestra. Es verdad que mis impresiones personales pueden ser completamente irreales porque ahora no vivo en México y porque mi único contacto con la realidad de mi Patria es la limitación de las noticias limitadas de la vía electrónica. Sin embargo, el contacto con familiares y amigos me permiten sentir y sufrir lo que les pasa como si fuera mío.

Percibo un gran dolor, una profunda desesperanza y hasta la rabia por ver cómo a quienes han optado por la vía fácil y alejada de la ley les va infinitamente mejor. Esta semana recibí un mensaje de correo electrónico de un gran amigo mío que vive en un rincón de esa querida tierra mexicana, me comparte algo del drama de su vida y, al mismo tiempo, ratifica su deseo de permanecer fiel a los valores cristianos, a pesar de todo. Con su permiso explícito, transcribo algunas partes de su escrito que ilustran muchísimo mejor lo que yo jamás podría expresar, simplemente porqué él lo está viviendo y sufriendo en primera persona. Mi amigo me dice: «… he andado en cada rollo que ni sé cómo le hice para meterme y del que todavía no sé cómo salir. Primero me operaron y pues gracias a Dios me fue bien,  lo único es que cada día me dolía más y las cosas se complicaron… Obviamente descuidé el trabajo y algunos empleados se aprovecharon de mi incapacidad para robarme lo poco que tenía…

Apenas pude retomar el trabajo, seguí con el corte de… y pagué cara mi novatada pues duré toda una semana arreando a los trabajadores y al que me maquiló el corte  y el empaque. No sé porqué a la gente no le gusta trabajar si les pago lo justo.  Débil como estaba he tenido que andar tras de ellos para que hicieran su trabajo; aún así salían con cada pretexto que batallé mucho y sufrí mucho más… Salió muy poco pero pues yo pensaba que era por mi inexperiencia. Después me enfrenté al problema de vender…, no fue tanto el conseguir el comprador sino lo que era claro era que abusaban con el precio… Me trataron como a un ingenuo; decían que me pagarían a precio de primera y cuando se llevaron el producto, me pagaron con otro precio y si no quería, sencillamente me lo devolvían… Y apenas me pagaron cuando  la Comisión Federal de Electricidad me lo quitó todo porque debía la luz de los pozos y solamente me alcanzó para darles un abono. Parece que lo están cazando a uno porque apenas me pagaron y me cobraron [...].  Y, para acabarla se me echó a perder un pozo…

La verdad no se qué pensar. Ando como que muy triste y hasta lo positivo se me quitó; no puede ser que esté tan salado, cuando a los que andan con otro tipo de siembra les va tan bien. No sé qué pasa conmigo que no le he pegado a nada, no me va bien y pues aunque le echo todas las ganas al trabajo honrado, doy quehacer a los más pobres, me porto bien, rezo y lo único que recibo son males. ¿Por qué? ¿Qué sigue? ¿Qué hago? No tengo idea. Sólo le digo a Dios que ya basta, que ya me dé un poco de Él y de su ayuda, que si son pruebas pos que ya le pare porque ya son más de cinco años y pues para un joven es mucho. Que estoy  de su bando y le he sido leal como humano y como su hijo. A Él sólo le pido su perdón, su misericordia, su ayuda, un gramo de su sabiduría, y como amigo también le digo que ya estuvo, que me ayude y que no me deje solo, pues los ch… están muy fuertes y ya no los aguanto.  Que no he hecho  mal a nadie, que no quiero matar, ni robar, ni desear el mal a quienes están haciendo tanto dinero y tanto daño; que no he de andar en cosas del chamuco y sus trampas, que no he de faltar a mi lealtad como amigo y menos traicionar a mi Dios… Bueno le he dicho de todo y pues espero que me escuche y no me vaya a volver loco por tanto estrés y  problemas con mi trabajo y mi vida…». Casos como el de mi amigo me convencen de que hay otras cosas infinitamente más importantes en las que los mexicanos debiéramos pensar.  Me parece que todavía estamos a tiempo de tratar de que nuestro pobre país triunfe, no en el mundial, sino con un destino mejor porque, al menos por ahora, no se atisba sino un futuro lleno de incertidumbre y penalidades, aunque nos quieran distraer con el futbol.

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