21 noviembre 2010
P. Emilio González Magana S.J.
En opinión de Monseñor Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura -desde ayer, Cardenal de la Iglesia Católica-, el Papa Benedicto XVI quiso dedicar una asamblea sinodal a la Palabra de Dios en el año 2008 porque “quizás había algo de polvo y era necesario ponerla de nuevo en el centro”. Por su parte, durante la ceremonia en que tuvo lugar la presentación pública de la Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini, el secretario general del Sínodo de los Obispos, Monseñor Nikola Eterovic, afirmó que el título de la Exhortación Apostólica permite “percibir la concordancia y también la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento”. El nuevo documento sigue la línea de reflexión teológica y pastoral profunda del Santo Padre en su afán por recuperar la centralidad de Dios en nuestro ser y quehacer como cristianos.
En opinión de Mons. Ravasi, algunos de los objetivos centrales del documento pontificio son “redescubrir la Palabra de Dios, fuente constante de renovación eclesial”, así como “promover la animación bíblica de la pastoral, ser testimonios de la Palabra” y por último “emprender una nueva evangelización”. Es interesante subrayar cómo el documento destaca algunos medios que ayudan a profundizar en el mensaje de la palabra de Dios, entre ellos la liturgia, las misiones, los retiros espirituales y las peregrinaciones. No es novedad que el Santo Padre quiera recuperar el sentido auténtico de las celebraciones por lo que también hay un énfasis especial a los recursos exteriores como “el templo, el ambón, el altar, los mismos instrumentos de difusión acústica y de lecturas bíblicas”. Se destaca, asimismo, la gran importancia del canto, que “favorece la percepción unitaria de la liturgia”, la cual “se alimenta de la Palabra de Dios desde el inicio y el desarrollo de las diferentes partes celebrativas”.
La importancia del documento recién publicado es de tal magnitud que en los medios vaticanos de habla que “llena un déficit creado en la vida del pueblo de Dios, que corre el riesgo de perder el entusiasmo promovido por el Concilio Vaticano II por la Palabra de Dios”. También pretende responder a las quejas de los fieles en el sentido de que habíamos caído en "un cierto descuido, una rutina", a veces un "genérico espiritualismo o, por el contrario, de áridos tecnicismos por parte de los especialistas". Se nos ha dado un nuevo instrumento a fieles y sacerdotes para recuperar el sentido profundo de la Sagrada Escritura, renovar nuestra espiritualidad y favorecer un cristianismo encarnado en una realidad exigente a la que no podemos dar la espalda ni disfrazar con bellas palabras, aun cuando sean dichas con buena voluntad. Verbum Domini será un instrumento para responder a las necesidades de la nueva evangelización de frente a la cultura contemporánea con una clara indiferencia religiosa.
Ante la insistencia creciente de algunos medios laicistas que, a toda costa, quieren establecer un abismo entre fe y razón, me parece muy significativo que -como lo ha ratificado el jesuita Federico Lombardi-, dos de las propuestas centrales del Papa en la Exhortación Apostólica sean: "leer e interpretar la Escritura con los métodos ofrecidos por la ciencia, pero a la luz de la fe, para encontrar la Palabra de Dios, Jesucristo; y vivir y practicar la escucha y el servicio de la Palabra en la vida cotidiana de la Iglesia para ayudar a los fieles y a toda la humanidad a encontrar a Dios a través de Jesucristo". Un documento profundo y bello, en verdad, que sin duda nos ayudará a todos. A los fieles a profundizar el sentido del bautismo; a los sacerdotes a no ocultar nuestra identidad en aras de un ministerio de funcionarios, un servicio transitorio o un modo de sobrevivir a costa de estipendios y limosnas. Será como un acicate para no predicarnos a nosotros mismos o nuestras ideologías, sino a tener siempre presente que el sacerdocio es un llamado continuo a configurarnos con Cristo en servicio de los hermanos, en, con y desde la Iglesia misterio que nos lanza a crear la comunión y vivir en continua misión.
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