26 enero 2010
P. Emilio González Magaña SJ
Y no me estoy refiriendo a la situación de un ideólogo perseguido por sus posiciones en contra de un régimen autoritario en el gobierno. No, estoy hablando de sencillos campesinos y obreros, casi ignorantes y de gente de clase media que, hartos de mentiras y abusos, han arriesgado la vida para buscar, al menos tener con qué comer y un poco de paz y libertad. Toman su decisión cuando reciben alguna ayuda económica de parientes que han logrado huir al extranjero y pueden pagar a alguien similar a los “coyotes” que explotan a nuestros compatriotas en su lucha por llegar a los Estados Unidos. Logran evadir la vigilancia de la policía de Corea del Norte y comienzan su calvario cuando se internan por caminos verdaderamente peligrosos, normalmente en China.
Hasta hace muy poco tiempo, todo intento de fuga era considerado como “traición a la patria” y castigado con la muerte. En nuestros días, gracias a la presión internacional, las autoridades se han ablandado un poco y el “delito” se sanciona con prisión indefinida que, para el caso es lo mismo pues, en su inmensa mayoría, no se vuelve a saber nada de los “traidores”. El hecho de hablar chino suele ser de gran utilidad para intentar pasar desapercibido en el poderoso y gigante país. De alguna forma, los llamados “criminales” logran sobrevivir ejerciendo la prostitución o sirviendo en el campo o las ciudades pequeñas en donde la vigilancia policíaca es menor. Dado que China es el aliado principal de Corea del Norte, el ser descubierto implica la inmediata deportación. En estos casos, el sufrimiento es mayor porque el caer en las manos de los chinos es aterrador.
Quienes logran escapar de la vigilancia china, llegan hasta Laos o Cambodia y de ahí, el siguiente paso es embarcarse hacia Corea del Sur. Otros menos afortunados, tienen que viajar hasta Viet Nam y con ello, miles de kilómetros más de angustia, hambre y desesperación. Quienes tienen una mínima preparación intentan pedir asilo político en alguna embajada y esto les allana el camino para realizar el sueño. Una vez en Corea del Sur, el actual gobierno, que intenta la reunificación pero no por razones humanitarias sino por su enorme odio a los comunistas, los alberga en los refugios destinados al efecto. Si los pobres fugitivos demuestran que no son espías, comienza una indoctrinación intensiva de tres meses a las bondades del sistema capitalista. Casi como cuando el gato termina de jugar con el ratón, nuestros hermanos están listos para comenzar su experiencia en otro infierno, de diverso color, es verdad, pero con características más sutiles y engañosas del que han dejado atrás y al que jamás podrán regresar.
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