08 febrero 2010

NO DEBEMOS OLVIDAR A HAITÍ

Posted by P. Pedro Ayala | 08 febrero 2010 | Category: , , |

P. Emilio González Magaña SJ

Ahora veo caras amigas, 
gente con las cuales compartir y
trabajar juntos por una misma causa...

Como reacción espontánea, fácilmente tendemos a olvidar o negar el dolor, la tragedia y la muerte. Lo hemos visto en los últimos días en los periódicos nacionales que han dedicado su primera plana a la agresión sufrida por un “famoso” jugador de futbol Con todo respeto al hermano que sufre, estas son noticias que “venden” y que desplazan otro tipo de información que pasa a ser historia. Por esta razón quiero dedicar unas palabras a la situación de Haití, compartiendo algunas de las noticias que me han enviado mis hermanos jesuitas, quienes, como tantas otras personas, intentan aliviar los efectos de la catástrofe. Los jesuitas hemos estado presentes en Haití desde el año 1704 por lo que conocen muy bien el territorio y la gente y esto ha constituido una enorme ventaja a la hora de organizar la ayuda después del terremoto y para hacer planes a largo plazo.

Los jesuitas en Port-au-Prince y Léogâne han creado doce centros de intervención para la distribución de alimentos y medicamentos. A estos centros acuden cada día más de 15.000 personas. De momento, todas las ayudas canalizadas por el Servicio Jesuita a Refugiados, las Provincias y otras organizaciones de la Compañía de Jesús llegan a estos centros. Hay algunos equipos médicos que han llegado de Estados Unidos, Puerto Rico y la República Dominicana. Los médicos puertorriqueños están pensando en quedarse más tiempo para seguir ocupándose de los enfermos, una vez que se haya respondido a las necesidades inmediatas causadas por el desastre. Los alimentos, el agua y los medicamentos – entre otras cosas – los recogen parroquias y grupos sociales de la República Dominica y se compran con los donativos que llegan de todas partes.


Dos grandes camiones transportan cada día a los centros de intervención material de socorro, que luego es distribuido por los jesuitas de la República Dominicana y de Haití. El noviciado jesuita ha acogido a personal médico, choferes y a voluntarios y en este lugar, cada mañana a las 8:00 horas, se encuentra el equipo de emergencia haitiano-dominicano para revisar la situación y planificar el día. El P. Kawas François S. J., jesuita haitiano que coordina la respuesta jesuita al desastre, escribía el 24 de enero: “Se necesitan médicos y alimentos. La ayuda que llega no basta para alimentar a los que necesitan apoyo en nuestros centros de intervención”. El Padre Mario Serrano S. J., se encarga de la distribución de alimentos desde la República Dominicana, donde se recoge y embala todo lo que llega y luego se traslada en camiones al centro de distribución en Barahona.

En uno de sus comunicados nos comparte lo siguiente: “Llegamos a Jimani, pueblo fronterizo con Haití, dejamos organizado un equipo con personal de Bono y el Centro Poveda y cruzamos la frontera con dos grandes camiones de ayuda. Nos aseguramos de ser acompañados de seguridad militar. Nuestro noviciado está en la entrada de su barrio, que es muy pobre y en el que residen muchas víctimas del sismo. Ahí llegamos ya casi de noche y no descargamos los camiones por miedo a la reacción de la población. Ya no teníamos seguridad militar... Pero diligenciamos para tener dos policías para la vigilancia de esa noche. Al día siguiente, temprano en la mañana, descargamos y luego nos reunimos para organizarnos. Mientras nos reuníamos, un gran número de personas empezó a golpear la puerta pidiendo que se distribuyera la comida. Detuvimos la reunión y pensamos en lo peor. Hubo que llamar al policía. Llego la policía y la gente no se dispersó. El comandante nos pidió que les diéramos una botella de agua y los despidiéramos con la promesa de que también a ellos les daríamos de la ayuda recibida. La gente aceptó y les prometí que iría a hablar con ellos mas tarde.

Esa tarde tuvimos una excelente asamblea de moradores… Les compartí nuestro miedo y sentimiento de inseguridad; ellos nos afirmaron que en la zona ellos pondrían la seguridad, se organizaron para recibir la ayuda y se comprometieron a ayudarnos a descargar los camiones. No saben la alegría que me dio todo este proceso. Una alegría ligada a una nueva compresión de la situación, a unas referencias muy concretas de personas, a una nueva forma de gerencias la ayuda. Hay que integrar a la gente lo más que se pueda en el proceso mismo... Cuando se agolpó la gente a nuestra puerta recuerdo la voz y el rostro de Soucet, una mujer muy valiente que exigía comida, con enojo y valor. Recuerdo mi temor frente a tanta gente. Ahora veo caras amigas, gente con las cuales compartir y trabajar juntos por una misma causa... Ahora tenemos una seguridad y protección más fuerte que la que nos pueden brindar las fuerzas militares, tenemos el acompañamiento de quienes pretendíamos acompañar y ayudar...”.

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