03 marzo 2010
PENA, RABIA, TRAICIÓN, ESCÁNDALO Y VERGÜENZA
Posted by P. Pedro Ayala | 03 marzo 2010 | Category:
P. Emilio
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P. Emilio González Magaña SJ
El Papa ya se había reunido el 11 de diciembre con el cardenal Séan Brady, Arzobispo de Armagh y presidente de la Conferencia Episcopal Irlandesa y con el Arzobispo Diarmuid Martin de Dublín. En esa ocasión, analizaron el Informe Murphy, que registra casos de abusos en la Arquidiócesis de Dublín de 1975 a 2004. El lunes 15, los 24 obispos irlandeses comenzaron el encuentro con una misa presidida por el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Papa, junto a la tumba de San Pedro y rezaron por las víctimas de los abusos, por la Iglesia y por todo el pueblo de Irlanda. Previo al encuentro con Benedicto XVI, el Cardenal pidió a todos, obispos, sacerdotes, y pueblo de Dios, "humildad y confianza", recordando que "la prueba por una parte humilla y por otra produce paciencia y una profundización en la fe". Afirmó, asimismo, que los abusos son "particularmente execrables" y han llevado al pueblo de Dios a la tentación que "tiende a hacer perder la confianza en Dios, llevando al desaliento y la desesperación".
Los irlandeses confían en que la Iglesia no debe negar u ocultar estos hechos, aun cuando hayan sido cometidos por personajes famosos, por lo que el cardenal Brady se hizo eco de estas esperanzas, pidiendo a los fieles que recen por "la curación, la reconciliación y la renovación". Por su parte, el martes 16, la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó que el Pontífice asumió que los abusos sexuales sobre los niños y los jóvenes “no es sólo un crimen atroz, sino también un pecado grave que ofende a Dios y hiere a la dignidad de la persona humana, creada a su imagen”. Reconoció que la situación actual “no se resolverá rápidamente” y “pidió a los obispos que afronten los problemas del pasado con determinación y empeño y que afronten la actual crisis con honradez y valentía”. El Santo Padre aceptó también que la cuestión de los abusos se inserta en la “crisis más general de fe que afecta a la Iglesia” y que está unida “a la falta de respeto a la persona humana”.
La situación de crisis que se vive en Irlanda nos debe alertar y animar a no negar las severas crisis afectivas que viven algunos sacerdotes. Tal vez sin llegar a los extremos denunciados por el Papa, es evidente que muchos hermanos viven dificultades psicológicas derivadas de una inmadurez humana no atendida y muchas veces disimulada con un activismo frenético, afán de poder y dinero, autoritarismo y búsqueda de comodidades materiales. Todavía estamos a tiempo porque, como los Obispos de Irlanda han reconocido, “esa grave crisis ha desembocado en el desmoronamiento de la confianza en la jerarquía eclesiástica y ha perjudicado su testimonio del Evangelio y sus enseñanzas morales”. Más aún, “expresaron francamente el sentido de pena, rabia, traición, escándalo y vergüenza expresado en numerosas ocasiones por aquellos que han sufrido abusos”, así como la “indignación por parte de los laicos, sacerdotes y religiosos en este sentido”.
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