28 febrero 2010
Este es mi Hijo escúchenlo
Posted by P. Pedro Ayala | 28 febrero 2010 | Category:
P. Pedro,
Reflexión sobre la Palabra del Domingo
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P. Pedro Ayala SDB
Ser cristiano sin seguir a Cristo es fácil; sólo implica una hora o menos a la semana, tal vez llevar una imagen de Cristo crucificado al pecho, dar unas cuantas monedas que sobran o estorban en la bolsa, llevar a bautizar a los niños recién nacidos por tradición u obligación. Ser cristiano, es decir, discípulo de Jesucristo, no consiste en tener solamente la credencial de filiación, implica el regalo de la fe, "por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación" (Rm 10,9), creer, proclamar y en consecuencia vivir aquello que creemos y que hemos proclamado nos lleva a iniciar un camino de aprendizaje, donde el maestro es Jesús y su evangelio.
En el evangelio se nos presenta no una biografía de Jesús, sino una buena noticia; Dios Padre, en Cristo Jesús, que sufrió, murió en la cruz y resucitó al tercer día nos ha dado la salvación, este es el mensaje central y más importante, y que es ampliado y completado con el relato de la predicación de Jesús, de sus acciones, y de la profesión de fe de aquellos que creyeron en él y le siguieron. Encontramos en el Evangelio aquellos mandatos y enseñanzas que Jesús ofrece a sus discípulos..."sean perfectos como su Padre celestial es perfecto", "amen a sus enemigos, recen por aquellos que los persiguen", "reconcíliate con tu hermano antes de presentar tu ofrenda", "Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes; en esto consiste la Ley y los profetas". Estos son los mandatos que el Maestro ofrece a sus discípulos, pero es más fácil ser cristiano sin seguir, ni obedecer a Cristo.
Hace unos días caminaba por el centro de Tlaquepaque, por una de las calles peatonales, eran cerca de las cinco de la tarde, era una tarde soleada pero fría, cerca de unos locales comerciales se encontraba un hombre, ya mayor, su aspecto era desagradable, estaba sucio y semidesnudo, muchos de los que pasamos por allí tal vez fingimos no ver, al menos yo lo hice y seguí mi camino para llegar a la farmacia y regresar pronto casa, mientras estaba buscando unos artículos personales pensaba en la necesidad de ser coherente entre lo que creo, pienso y predico -que grave-, precisamente unos días antes había tocado en la liturgia proclamar el fragmento del Evangelio de Mateo sobre el juicio, decidí regresar por la misma calle para ofrecer ayuda a este hombre a este hermano, pero al pasar frente a él no me animé, en ese momento pasaba mucha gente y me detuvo "el qué dirán", seguí caminando pero no me sentía bien, mi conciencia me reclamaba, me pedía que viviera lo que predico... al llegar a casa tomé algo de ropa, regresé sin entretenerme en nada, esperando que aquel hombre todavía estuviera allí, sentado... me acerqué a él y le ofrecí la ropa que llevaba... no comento este hecho sencillo para recibir de ti estimado lector tu aprobación, lo hago para compartirte que no siempre es fácil seguir a Cristo, así como este ejemplo podemos encontrar muchos otros en los cuales sabemos lo que Cristo nos pide en su evangelio, pero que por orgullo, temor o indecisión no los vivimos.
Este domingo, segundo de la cuaresma, se nos ha presentado la Transfiguración de Jesús, sus discípulos más cercanos tienen esta oportunidad de contemplar en vida la gloria de Cristo, están en el monte, el lugar de encuentro con Dios, es el lugar donde escuchan la voz del Padre que les dice: "éste es mi Hijo, escúchenlo". Hoy necesitamos como cristianos, como discípulos de Jesús, escucharlo, poner atención a sus palabras y dejar que produzcan fruto.
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