27 marzo 2010
¿y tú qué vas a hacer en semana santa?
Posted by P. Pedro Ayala | 27 marzo 2010 | Category:
P. Pedro,
Reflexión sobre la Palabra del Domingo
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P. Pedro Ayala SDB
Estamos terminando el camino de la cuaresma, han pasado ya casi cuarenta días de que realizamos el signo de imponer ceniza en nuestra frente o en la cabeza, de que hemos “guardado la cuaresma” privándonos voluntariamente de algo, de que se nos ha invitado una y otra vez a la conversión. Y ahora hemos llegado al inicio de la Semana Santa, conocida también por algunos como la semana mayor, un respiro en los primeros meses del año, vacaciones en todos los niveles educativos, en algunos trabajos un tiempo también de descanso, la semana santa es para muchos un buen momento para dejar la rutina y la mercadotecnia ha hecho de las suyas, invitando a consumir, preveer lo necesario para unas buenas vacaciones, y la pregunta que no puede faltar: ¿Qué vas a hacer en semana santa?
Durante cuarenta días nos hemos venido preparando, nos hemos venido disponiendo para recordar, celebrar los grandes misterios de nuestra salvación; la pasión, la muerte y la ¡RESURRECCIÓN DE CRISTO JESÚS! Ha sido mucho tiempo de preparación, pocas fiestas las preparamos con tanto tiempo, y es que el motivo de la celebración bien lo vale. Lo que no se vale, o que no resulta lógico es que después de tanta preparación, de cuidar pequeños y grandes detalles llegue el día de la fiesta y nosotros no estemos presentes, de qué sirvió entonces tanta preparación. ¿Qué vas a hacer en semana santa? voy a celebrar, voy a dar gracias a Dios por el gran regalo de su Hijo, voy a recordar que sin pasión, y que sin muerte no hay resurrección, voy a compartir el ministerio del sacerdocio que la Iglesia me ha confiado, confesando, presidiendo las celebraciones comunitarias del Jueves, del Viernes y del Sábado Santo… eso es lo que yo voy a hacer, eso es lo que voy a celebrar, ¿y tú que vas hacer?
Después de las vivas y porras, los gritos y abucheos
Iniciamos la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos, donde nos podemos percibir qué tan contradictorios podemos ser, en una misma celebración encontramos la síntesis. Primero alabamos con nuestras palmas y gritamos emocionados, recibimos a Cristo como Rey y unos minutos después gritamos crucifícalo. Iniciamos la Semana Santa con este movimiento pendular que toca los extremos, de la alabanza pasamos al abucheo, del reconocimiento al descrédito, de la aceptación a la condena. Muchos de aquellos judíos se alegraron con la entrada de Jesús en Jerusalén, tal vez pensaron que el movimiento social contra Roma se concretaba en ese momento, que motivaría a tomar las armas, pero no fue así.
Tal vez muchos se decepcionaron y cuando tuvieron la oportunidad externaron su desaprobación del plan de Jesús, y las vivas y gritos de euforia se convirtieron en gritos de desaprobación y coraje.
Somos invitados a reflexionar sobre nuestra propia vida, y reconocer que tal vez en muchas ocasiones hemos asumido una actitud similar a la de los paisanos de Jesús, que en momento de gran entusiasmo alabamos y aceptamos a Jesús como nuestro Señor y después de un instante le damos la espalda y gritamos que lo crucifiquen… Y a pesar de todo Dios permanece fiel en su promesa de amarnos y salvarnos.
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