31 octubre 2010
P. Pedro Ayala sdb.
Necesitamos conocer a Jesús, el Hijo de Dios Padre,
para que el nos muestre y nos conduzca por el camino que nos lleve al Padre,
no podemos continuar creyendo en falsos dioses.
Dios creo al hombre a imagen y semejanza suya, pero hemos buscado muchas maneras de crear un dios que sea imagen y semejanza de nuestras carencias, representación de nuestras limitaciones, proyección de nuestros sentimientos y temores. Y damos a conocer a ese dios o pequeños dioses, los imponemos a los demás y hacemos que les acepten como dios; pensemos en el dios castigo, el dios enojo, el dios ira, el dios destructor. A esos dioses o ídolos ofrecemos lo más valioso; nuestra vida, nuestros seres queridos como ofrenda para aplacar la ira o el enojo de ese dios.
El objetivo de la religión, no consiste en seguir transmitiendo la fe o devoción en esos falsos dioses, el objetivo es conocer a Dios que es Padre, a Dios que es Hijo y a Dios que es Espíritu Santo. No debemos utilizar para el conocimiento de Dios, nuestras representaciones parciales y limitadas, debemos de partir de la REVELACIÓN que Jesús hace de sí mismo, de Dios, Él es quien conoce al Padre y por tanto nos lo puede mostrar y dar a conocer, ¿cómo lo hace Jesús? con sus palabras, con sus actitudes, con su vida. Por lo tanto se queremos conocer al Padre tenemos que conocer a Jesús y esto lo hacemos a través de los evangelios, que nos narran la experiencia de encuentro con la mayor revelación del Padre.
Este domingo las lecturas nos presentan a Dios, no como nosotros nos lo podemos imaginar sino como Él es, un Dios que se compadece, que da la oportunidad para la conversión, que nos perdona a todos porque todos somos suyos, en una palabra, que nos ama. Esta es la descripción que encontramos en el libro de la sabiduría y se complementa con la el relato del evangelio de Lucas, que nos presenta a Jesús en el camino, que se hace invitar, que va a la casa de un pecador, alguien que públicamente es reconocido como tal, por aquellos que se creen justos, le ofrece el perdón, le restablece, le levanta y lo reintegra a la comunidad. Es el relato del encuentro de Zaqueo con Jesús.
Zaqueo reconoce sus limitaciones físicas, es de baja estatura, también se reconoce rechazado por el pueblo, él es recaudador de impuestos, es el jefe de los recaudadores de impuestos que trabajan para el conquistador, para el Imperio Romano. Su objetivo es conocer a Jesús y consciente de sus limitaciones busca la manera de lograr su cometido, sube a un árbol que se encontraba en el camino, cuando Jesús pasa por allí, le mira y le invita a bajar, porque esa tarde será su huésped. A Jesús no le importa ser señalado por los que se creen justos, él con sus palabras y acciones nos da a conocer a Dios Padre que busca a sus hijos, que perdona y que da la oportunidad de conversión.
El encuentro de Zaqueo con Jesús le marca, le mueve la conversión, a reestablecer el daño que con sus opciones ha causado a sí mismo y a los demás, “voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”.
Hoy necesitamos encontrarnos con Jesús, reconocer nuestra situación personal, partir desde lo que somos y buscar los medios que sean necesario para lograr nuestro objetivo, ya no podemos continuar con una fe en falsos dioses, cuando tenemos la posibilidad de conocer al verdadero Dios que es Amor.
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