29 noviembre 2010

Para no caer en la lógica del poder

Posted by P. Pedro Ayala | 29 noviembre 2010 | Category: |

P. Emilio González Magaña S.J.
Hoy hemos comenzado el tiempo fuerte de Adviento, un período especial de preparación para recibir al Dios amor que se encarna en la historia y nos revela en el Hijo su rostro de ternura. El Adviento es el tiempo del dinamismo de la fe en el que podemos seguir los consejos de Juan el Bautista para esperar al “Verbo Eterno” que ilumina nuestra vida, especialmente ahora que en el mundo y especialmente en México, sufrimos momentos de prueba, de incertidumbre y de dolor. Es un tiempo especial en el que podemos intensificar nuestra oración y pedir la gracia de no dejarnos atemorizar por los acontecimientos negativos que nos amenazan por todos lados. Sin duda podemos vivir estos días con la esperanza de que el próximo nacimiento del Hijo de Dios nos ayude a ser testigos de fe y esperanza en medio de las dificultades y la adversidad, porque es ahí, precisamente, donde nuestra se pone a prueba y se contagia.
Como marco de referencia, quiero recordar el mensaje que el Santo Padre dirigió a los veinticuatro nuevos cardenales en el tercer consistorio ordinario público de su pontificado, el sábado 20 de este mes. Al recordar que Jesús no vino a ser servido sino a servir, los invitó a no caer en la lógica del poder. Cuando es tan fácil caer en la tentación de sentirnos “señores”, el Papa  afirmó durante la homilía que "en la Iglesia nadie es patrón, todos somos llamados, todos somos invitados, todos somos alcanzados y guiados por la gracia divina. ¡Y ésta es también nuestra seguridad!". Y enfatizó que "es un mensaje que vale para los apóstoles, vale para toda la Iglesia, vale sobre todo para quienes tienen la tarea de guía en el Pueblo de Dios" pues, “no es la lógica del dominio, del poder según los criterios humanos, sino la lógica de arrodillarse para lavar los pies, la lógica del servicio, la lógica de la Cruz que es la base de todo ejercicio de la autoridad".
Si este mensaje fue dirigido a los “príncipes de la Iglesia”, me parece que, guardando todo tipo de proporciones, también nos puede ayudar a nosotros, “cristianos de a pié”, para vivir desde lo fundamental, desde lo que nunca pasa de moda, de lo que nos deja verdaderamente en paz. A este propósito quiero compartir una bella reflexión de Mario Andrade, poeta y novelista brasileño que me ayuda a poner los pies en la tierra ante el riesgo de querer vivir desde una mediocre superficialidad. El ensayista escribió: «He contado mis años y he descubierto que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que he vivido hasta ahora... Me siento como aquel niño al que regalan una bolsa de caramelos: los primeros se los come feliz, pero, cuando se percata de que quedan pocos, comienza a saborearlos profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, en las que se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se conseguirá nada.
Ya no tengo tiempo para soportar personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para perderlo con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan ‘egos’ inflados. No tolero a los manipuladores ni a los aprovechados; me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus puestos, sus talentos y sus éxitos. Detesto -si soy testigo-, los efectos que genera la lucha por un cargo importante; las personas no discuten contenidos, apenas los títulos, si acaso... Mi tiempo es escaso como para discutir  títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Con pocos caramelos en la bolsa, quiero vivir al lado de gente humana, muy humana, que sepa reirse de sus errores, que no se vanagloríe con sus triunfos, que no se considere elegida antes de tiempo. Que no eluda sus responsabilidades, que defienda la dignidad humana y que desee únicamente caminar al lado de la verdad y de la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena vivirla. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas … Gente a quien los duros golpes de la vida, le han enseñado a crecer con suaves caricias a su alma. Sí, tengo prisa para vivir con la intensidad que nada mas que la madurez puede dar. Pretendo no malemplear ni tan sólo uno de los caramelos que me quedan. Estoy seguro que serán más exquisitos que los que me he comido hasta ahora. Mi meta es llegar al final, satisfecho y en paz con mis seres estimados, y con mi conciencia.  Deseo que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, también llegarás...».

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