28 noviembre 2010
P. Pedro Ayala SDB.
Hemos terminado el año litúrgico, hoy primer Domingo de Adviento comenzamos con un nuevo año, ciertamente el año litúrgico no coincide ni con el año civil, ni con el año lectivo, es sin lugar a dudas una periodización propia de la Iglesia Católica.El adviento es un periodo dentro de esta periodización, la palabra adviento es un apocope de “advenimiento” que significa venida y alude a la venida de Cristo, que, bíblicamente hablando, son dos: la que ya tuvo lugar, que celebraremos en Navidad, y la futura, la llamada «segunda venida» de Jesús, «en poder y majestad», que pondrá fin al mundo, inaugurará el «juicio final» o «juicio de las naciones», y abrirá la era definitiva.
El adviento es por tanto un tiempo que nos invita a la espera, pero no una espera cualquiera, pues estamos de acuerdo que hay de esperas a “esperas”, no es lo mismo la espera, del que por primera vez va ser padre y se encuentra en la sala de un hospital esperando la noticia del nacimiento de su hijo, a alguien que sentado espera que pase el autobús que le llevara de regreso a casa. El adviento ciertamente nos invita a prepararnos y esperar la celebración del nacimiento, de la encarnación del Hijo de Dios, sin embargo esta preparación y espera no la podemos limitar a cuatro semanas durante el año litúrgico, la preparación y la espera son dos actitudes que continuamente se nos invita a vivir durante toda nuestra vida, “estén preparado pues no saben ni el día ni la hora en que va a venir el hijo del hombre” (Mt 25, 13), vivimos en continua espera de la segunda venida de Cristo Jesús, y cada vez que participamos en la eucaristía, terminada la consagración del pan y del vino, el sacerdote nos invita a contemplar el sacramento de nuestra fe, y la una de las respuestas de la asamblea es: anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!
La palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos, y al iniciar este tiempo litúrgico del adviento las lecturas nos invitan a esperar y construir la paz, eliminado o rechazando en nuestra persona aquellas cosas y situaciones que nos puedan distraer en la espera de la salvación y Jesús en su buena noticia, nos invita a mantenernos en vela y esperar. Es bueno que al comenzar este tiempo, y al encender la primera vela de la corona de adviento, renovemos en nuestro corazón el deseo de que el Señor venga a instaurar su reino de justicia y paz, de amor y libertad. Por eso como nos dice san Pablo es el momento para despertar del sueño y mantenernos atentos. Feliz Domingo.
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