09 mayo 2010

ME AMARON A PESAR DE CONOCERME

Posted by P. Pedro Ayala | 09 mayo 2010 | Category: |

P. Emilio González Magaña SJ.

El pasado 25 de Abril, IV Domingo de Pascua, el Papa Benedicto XVI rezó el Regina Coeli en el día en que la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.  El Santo Padre resaltó la importancia de la oración para la respuesta de quienes son llamados por Dios a consagrarle su vida. En un momento de la oración expresó: “La primera forma del testimonio que suscita vocaciones es la oración”. Y recordó a Santa Mónica, la madre de San Agustín, quien “suplicando a Dios con humildad e insistencia obtuvo la gracia de ver a su hijo convertirse al cristianismo”. El Santo Padre hizo una invitación a los padres a “rezar para que el corazón de los hijos se abra a la escucha del Buen Pastor y así cada pequeño germen de vocación llegue a ser un árbol frondoso, lleno de frutos por el bien de la Iglesia y de toda la humanidad”.

La súplica del Papa no es de ninguna forma irrelevante si asumimos que son precisamente nuestros padres quienes nos ayudan a ser lo que estamos llamados a ser. Descubrir nuestra vocación  -en el más amplio de los sentidos- es una misión que debería centrar el proceso de nuestra formación familiar. Es verdad que yo hablo ahora desde mi propia elección al sacerdocio en la Compañía de Jesús, pero antes el Señor me permitió también buscar mi realización personal en la vida profesional como contador público y auditor. Sería hermoso que los padres animaran a sus hijos en el caso de que sintieran el llamado a la vida religiosa o sacerdotal. Sin embargo, lo que quiero subrayar es el hecho insoslayable de que su misión es determinante para que los hijos elijan bien su camino y sean realmente felices. Es muy frecuente encontrar a hombres y mujeres que se sienten frustrados y amargados porque hacen lo que no les gusta.

Cuando uno entra en contacto con ellos, lo que inmediatamente resulta evidente es que provienen de familias desintegradas en donde se ha perdido el respeto y no hay ni diálogo ni interés de unos por otros. Por supuesto que ahí no hay cabida para el amor ni para la esperanza. Tristemente, esas personas no eligieron su camino de un modo sano y maduro sino terriblemente funcional, para salir de la casa y alejarse lo antes posible del ambiente que les ha causado tanto daño y sufrimiento. Muchos buscaron una carrera fácil en una “universidad patito” que les permitiera sobrevivir. De ahí que no sea extraño que encontremos a tantas personas que realizan actividades completamente ajenas a lo que han estudiado. Y todo esto favorece la envidia, la rivalidad y la competencia desleal. Se vive con ambición de poder o de prestigio y muy frecuentemente se cae en una auténtica batalla encarnizada en la que lo de menos es pisotear al más débil.

Mañana celebramos el “día de la madre” y podemos caer en la trampa del consumo en la que los comercios manipulan los sentimientos para aumentar sus ventas. Pudiera ser un pretexto para que algunos hijos tranquilicen su conciencia al regalar algo a su madre aun cuando durante el año jamás le han expresado una palabra cariñosa, mucho menos le han dado un abrazo o un beso agradecido. Reconozco que yo caí en esa trampa. También favorecí momentos de tensión cuando no escuché la experiencia de mis padres que querían evitarme un mal. Cuando se es joven y se tiene la vida por delante, nos sentimos infalibles, pensamos que lo sabemos y podemos todo y no necesitamos el consejo de los viejos. Cuando la vida nos golpea y echamos de menos la presencia de quienes nos amaron a pesar de conocernos, es muy tarde porque ellos ya se han ido.  Su ausencia resulta cada día más dolorosa; su vacío no puede ni podrá jamás ser llenado por nadie ni por nada. Tal vez mañana no habría que preocuparse por regalarle algo a la madre sino decidirse a amarla más cada día -al igual que al padre-, porque cuando ellos mueren, ya nada es igual.

Currently have 0 comentarios:


Leave a Reply

Gracias por tu visita, por favor deja tu comentario